A principios de este mes, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) levantó un dedo de advertencia. «La vigilancia sanitaria debe fortalecerse a nivel mundial», fue el mensaje enviado al mundo desde París. Incluso en París parecen haberse sorprendido de cómo el nuevo virus H5N8 altamente patógeno había llegado a Europa desde Corea a una velocidad récord. Hasta tan solo 100 kilómetros de nuestra sede en Reeuwijk…

Afortunadamente, los Países Bajos aprendieron la lección en 2003. Fue entonces cuando la gripe aviar llegó a ser catastrófica. ¿La causa? La gente pensaba que las pruebas serológicas eran superfluas. Al fin y al cabo, la gripe aviar no se había producido en los Países Bajos desde 1926. ¿El resultado? La mitad de todas las gallinas ponedoras tuvieron que sacrificarse y el coste inmediato fue de unos 300 millones de euros.

La ventaja de la experiencia de 2003 es que Países Bajos ha invertido en el Sistema de Alerta Temprana (SAT). Se trata de un sistema destinado a la detección precoz de enfermedades, que limita así la propagación de cualquier infección. El sistema ya ha demostrado su eficacia. El daño causado por los patos salvajes se «limitó» a alrededor de 50 millones de euros. Sin el sistema de alerta temprana, se podría haber producido un escenario de desastre en toda regla. La OIE no lo niega.

La OIE quiere que los avicultores y los veterinarios hagan pruebas con mayor intensidad. Sostienen que el amplio despliegue de los sistemas veterinarios permite detectar las enfermedades a tiempo. La investigación serológica desempeña un papel vital en esto. Al fin y al cabo, los animales que pueden parecer clínicamente sanos podrían ser portadores de algo subclínicamente. Tomemos por ejemplo la presencia de dos subtipos de la hemaglutinina viral, H5 y H7. En estos casos, los animales no presentan ningún aspecto de tener ninguna enfermedad; parecen estar en perfecto estado. Hasta que H5 y H7 juntos deciden mutarse en un virus altamente patógeno. Entonces se produce el desastre. Y la OIE lo quiere evitar con una mayor intensidad de las pruebas. Y este no parece ser el caso en todas partes. De lo contrario, la OIE no emitiría esta advertencia.

Sé por mi propia experiencia que hay países en los que no se realizan estas pruebas, o que se llevan a cabo muy poco o demasiado tarde. Y ahí está el problema. Tarde o temprano, alguna forma de gripe aviar va a estallar en estos países, una gripe sin igual. Simplemente está escrito. Y hemos visto lo rápido que esto puede suceder. Y sus graves consecuencias. No solo para las aves de corral y el avicultor, sino a veces también para la salud pública. Tomemos por ejemplo el virus H7N9 de la gripe aviar, peligroso para los seres humanos, que apareció en Asia en 2013. El mes pasado, un canadiense que había estado en China ingresó en el hospital con la enfermedad. Puede propagarse a gran velocidad.

Los avicultores de todo el mundo deben reconocer sus responsabilidades. Tienen que actuar seriamente en respuesta a la llamada de la OIE. Esto significa monitorizar sus aves de corral, adoptar medidas preventivas y comprobar si estas medidas preventivas están funcionando. En resumen: ¡comprobar, verificar, revisar! Si un avicultor no lo hace, puede encontrarse una sorpresa desagradable. Y entonces dirá seguramente: «Debería haberlo previsto…» pero entonces ya será demasiado tarde. Y eso es lo que la OIE quiere evitar. Y si me lo preguntan a mí: ¡desde luego tienen toda la razón!

Barend van Dam, Director de BioChek

This post is also available in: Inglés Ruso